Cuando el silencio regresó, Tobin estaba tan avergonzado que solo quería desaparecer.
Empapado en sudor, apenas podía mantenerse en pie. La humillación lo consumía: el “médico” que había traído era un impostor, mientras que la joven del campo conocía a la verdadera doctora Dónovan.
Todos lo miraban con desprecio. Ni siquiera se atrevía a levantar la cabeza; solo quería huir, pero las piernas le temblaban.
Mandy lo observó con una fría indiferencia.
—Doctor Asmilh, siempre lo hemos trata