Antes de que el investigador terminara de leer en voz alta, el impostor ya se había puesto las manos a la espalda, arrogante.
—Voy a ser comprensivo con ella. Ha mentido, pero solo necesito que se disculpe sinceramente —dijo con desdén.
Mientras hablaba, la expresión de todos cambió.
Tobin fue el más sorprendido. Su rostro palideció al escuchar al investigador: aquellas palabras le revolvían los nervios como pequeños gusanos. Sintió las extremidades frías y la presión arterial subir; la rabi