Diana bajó la mirada, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Asintió débilmente.
—¡Diana! ¿Por qué no le has contado la verdad a Joaquín? —exclamó Margot con desesperación en la voz.
Diana no pudo más. Su cuerpo tembló al sollozar, abrumada por el dolor.
—¡No puedo! —dijo entre sollozos—. Él piensa lo peor de mí… me odia. Cree que fui amante de Ronald, ¡pero juro que este hijo que espero es de Joaquín!
Margot, conmovida por el sufrimiento de su cuñada, se acercó para ab