El día se había teñido de un gris opaco que filtraba una luz mortecina a través de los altos ventanales de la mansión Agosti. Blair avanzó por el pasillo con pasos torpes, sus tacones resonando contra el mármol como un eco de su propia desolación. La habitación que le habían asignado estaba al final del corredor, alejada del bullicio habitual que reinaba en esa casa. Cerró la puerta tras de sí con un leve susurro, como si temiera que alguien pudiera seguirla incluso hasta ese rincón de privacid