El edificio de lujo se alzaba como un monolito de cristal en medio de la ciudad. Sus grandes ventanales reflejaban los tonos anaranjados del atardecer, y la elegancia de su fachada intimidaba incluso a quienes podían permitirse vivir allí. Blair miró hacia la entrada con cierta aprensión, sosteniendo los documentos en sus manos, todavía cálidos por el contacto de la casera. Había algo en el aire de ese lugar: un olor a nuevo mezclado con las fragancias costosas que emanaban de los pasillos alfo