La oficina de Massimo Agosti era un lugar imponente, decorado con tonos oscuros y muebles de madera maciza que irradiaban poder y elegancia. La luz tenue de las lámparas doradas reflejaba el ambiente cargado que dominaba la habitación. Blair estaba sentada al borde de un sillón de cuero negro, con las manos temblando sobre su regazo. Había escuchado con atención cada palabra que Massimo le había dicho, pero aún no podía procesarlo todo.
Su mente estaba enredada en los detalles de lo que había s