La habitación del hotel estaba en penumbra, iluminada únicamente por la tenue luz que se colaba entre las cortinas cerradas. Blair recogía sus cosas en silencio, moviéndose con lentitud, como si cada acción requiriera un esfuerzo titánico. Sobre la cama, su pequeña maleta estaba medio abierta, con la ropa cuidadosamente doblada. Sus manos temblaban ligeramente mientras guardaba una prenda tras otra, y su mente, como un océano embravecido, no dejaba de atormentarla con recuerdos y pensamientos c