Las luces cálidas del cuarto de hotel reflejaban la opulencia de cada detalle: cortinas de terciopelo azul marino, muebles tallados a mano, y el brillo dorado de los candelabros colgantes. Sin embargo, el ambiente no era de lujo, sino de tensión. Ricardo Agosti se encontraba de pie en la estancia principal, rodeado de un grupo de abogados que hablaban todos al mismo tiempo, sus voces mezclándose en un caos que competía con el ruido del tráfico de la ciudad, audible a través de las ventanas cerr