La habitación estaba impregnada de un aire denso, como si cada rincón estuviera cargado de la tensión palpable que flotaba entre ellos. Massimo Agosti no podía evitar sentir cómo el sudor frío le recorría la espalda, mientras escuchaba las voces de aquellos hombres que lo rodeaban.
El sonido de sus palabras se deslizaba por el aire, con una mezcla de burla y amenaza que comenzaba a nublar su mente. Ya no sabía cuánto tiempo llevaba allí, atrapado en ese rincón oscuro y sin salida. La única luz