El brillo de la luna se colaba por la ventana de la habitación, proyectando destellos plateados sobre las cunas de Arturo, Dominic y Elizabeth. El suave ritmo de la respiración de los tres bebés era un bálsamo para el corazón de Blair, un recordatorio de todo lo que había construido y de lo que estaba dispuesta a proteger. Sus ojos, cansados, pero llenos de ternura, recorrían los pequeños rostros que dormían plácidamente. Arturo, el mayor por unos minutos, fruncía el ceño en sueños como si reso