El eco de las voces resonaba en la sala de conferencias, rebotando entre las paredes revestidas de madera oscura y cristal. Las luces empotradas en el techo proyectaban un resplandor cálido, difuso, que no lograba arrancar a Massimo Agosti de su ensoñación. Las palabras de sus arquitectos, los gestos precisos al señalar los planos de la nueva plaza tecnológica, apenas lograban penetrar la barrera de sus pensamientos. Se encontraba atrapado en un bucle insidioso, alimentado por un recuerdo que n