Con todo marchando y con la tarea de ser quien administre la empresa de su familia ahora, Ian se despide de todos. La familia Castello se dispersa para seguir con sus vidas en cada punto en el que se encuentran y él se va a ver a sus mujeres.
Cuando aterriza, llama a Sebastián para preguntarle por ellas y este le dice que pueden hablar en su departamento.
Al llegar, Ian nota que su cuñado está fatal, tiene un aspecto de moribundo casi y lo ayuda a llegar al sofá.
—¿Qué demonios comieron?
—Comida tailandesa… no creo que estuviera descompuesta, solo no estamos acostumbrados a tanto condimento.
—Tu madre me dijo que Andrea estaba peor que tú.
—Eso en la mañana, pero ahora la dejé más repuesta. Ahora soy yo el que se siente fatal, necesito una enfermera.
—Llama a Naomi —Sebastián se ríe y niega.
—A menos que tú la convenzas de no marcharse, me temo que será imposible… esta tarde presentó su renuncia a la empresa. Se va al sur, por una oferta mejor, supuestamente.
—¿Necesitas algo? Puedo p