El sol comenzó a infiltrarse suavemente por la ventana. Jenny despertó antes que Leonel, quien aún se veía visiblemente agotado.
Con delicadeza, comenzó a acariciarle el cabello. Leonel, aunque mantenía los ojos cerrados, la sintió de inmediato; no obstante, carecía de fuerzas para abrir los párpados y prefirió dejarse llevar por el cansancio acumulado del enfrentamiento del día anterior y el dolor de su herida.
Creyendo que él continuaba profundamente dormido, Jenny comenzó a susurrarle en