El festín llegó en absoluto silencio, traído por doncellas de ojos vacíos que no se atrevieron a mirarla. Sobre la mesa de caoba negra, dejaron bandejas de plata rebosantes de carne asada, pan caliente y frutas frescas. Alimento mortal. Real.
Apenas las puertas se sellaron, Seraphina se abalanzó sobre la comida. No hubo elegancia en sus movimientos, solo una necesidad primitiva. Obligó a su estómago a recibir cada bocado, masticando con la desesperación de un guerrero preparándose para su últim