Punto de Vista de Luis
Era avanzada la tarde cuando Kaelen llegó; ruidoso y engreído, como de costumbre.
No me importaban particularmente sus visitas. Pero no podía echarlo, así que soportaba sus diatribas, sus dramatismos, sus quejas sobre la vida.
Y entonces lo dijo.
—Besé a Elara.
Me congelé.
Por un momento, me pregunté si lo había oído mal. Si los dioses me estaban gastando alguna broma. Si había cámaras escondidas en alguna parte y luego gritaría: —¡Es una broma!
—Sí. Y, eh... también la m