Punto de vista de Kaelen
La puerta chirrió al abrirse y mi madre entró, vistiendo su bata de seda y con su patentada cara de "Sé-Que-Estás-A-Punto-De-Mentirme".
Me lanzó una mirada y suspiró como si se estuviera preparando para lidiar con un niño pequeño y terco. Se sentó en el borde de mi cama, alisando la bata sobre sus rodillas. El colchón se hundió bajo su peso, enviando otra ráfaga del aroma de Elara al aire.
Tortura. Tortura absoluta.
—Y bien —dijo con energía—, ¿qué pasa?
—Nada —re