Punto de vista de Elara
—Gracias, Kaelen. De verdad —suspiré.
Él sacudió la cabeza.
—No le agradezcas a un hombre por intentar proteger lo que es suyo.
Suyo. ¿Era yo suya? Lyra lo sería... en solo cuestión de días.
—Si insistes —asentí solemnemente a pesar de todo, luchando ya contra el impulso de rodear su cuello con mis manos y atraerlo para otro beso, como si besarlo fuera sinónimo de oxígeno.
Sin embargo, no era de eso de lo que trataba esta conversación, ¿verdad? La mandíbula de Kae