Punto de vista de Luis
Observé con deleite cómo su expresión se amargaba por solo un segundo antes de que rápidamente se pusiera una mirada de indiferencia. Pero lo vi. Vi la ráfaga de rabia, de humillación, de la verdad golpeándola como un ladrillo volador.
—Cierra tu sucia boca.
Solté un suspiro dramático, sacudiendo mi cabeza. —Oh, Alana. Puedes insultarme todo lo que quieras. Puedes fingir que no te molesta. Pero dime... —me acerqué más, bajando mi voz conspiratoriamente—. Si Elara es ta