Punto de vista de Luis
Abriendo la puerta, entré, preparándome para cualquier tontería que me esperara esta vez. Y ahí estaba. Una visión tan horripilante y tan perturbadora, que por un momento, realmente reconsideré mi existencia entera.
Kaelen estaba acostado en mi cama, sin camisa, con sus heridas completamente cosidas, y dormía como algún príncipe mimado. Y Rosario —esa mujer estúpida— estaba arrodillada junto a él, trazando ligeramente sus dedos sobre sus abdominales mientras continuaba cantando su ridícula canción.
—Si me miras así, me muero, ay Dios... —canturreaba ella, suspirando dramáticamente.
Por un momento, solo me quedé allí parado. Mirando. Sin poder creerlo. Con pavor. ¿Habría... habría algún día un final para el absurdo de Rosario? No. No, no lo había. Porque Rosario no estaba simplemente caliente. Ella era un estado del ser. Una fuerza de caos y alta libido que se negaba a ser domesticada.
Hay momentos en la vida que desafían la paciencia de un hombre, que empuj