Punto de vista de Luis
En el momento en que salí de la habitación de Elara, estaba furioso. No conmigo mismo, no. Eso sería ridículo. Mi único arrepentimiento fue haberme detenido. Debería haberla mordido. Debería haberla marcado como mía, debería haberme asegurado de que Kaelen nunca volviera a mirarla sin ver mi marca en su piel.
Pero no, tuve que desarrollar una conciencia en el peor momento posible. Necesitaba aire. Necesitaba una distracción. Necesitaba herir algo.
Y como quiso la suerte, mi distracción llegó en la forma de Alana Vane, la pomposa, consentida y mediocre hermana mayor de Elara. Solo unos pies más adelante, de pie en el amplio pasillo con sus brazos cruzados sobre su pecho, estaba Alana. Aquella con la nariz tan alta en el aire que era un milagro que no se hubiera ahogado en la última tormenta. Aquella que había tenido la suerte de nacer en el poder pero carecía de las células cerebrales para usarlo adecuadamente.
Estaba hablando con una sirvienta y, por sus ge