Punto de Vista de Elara
Me alejé bruscamente del maldito loco, corazón palpitando en mi garganta, pero agarró mi brazo más fuerte, jalándome hacia la cama.
—Me tocas de nuevo y te mataré —escupí, pateándolo.
Atrapó mi pierna en el aire y me empujó fuerte. Aterricé en la cama, rebotando una vez, luchando por levantarme mientras se cernía sobre mí.
—Hazlo entonces —dijo—. Mátame. Ni siquiera saldrás de esta habitación.
Lo sabía. Justo en este instante que estaba acorralada y acabada. Hice hipo mientras Orion desabrochaba sus cinturones, una sonrisa maníaca plasmada en su rostro.
¿Iba a decir que ya no era débil y sin embargo, débilmente permitir que Orion hiciera lo que quisiera conmigo?
No. No en una habitación en la casa donde Kaelen vivía. No en el marco de la cama o el piso bajo mis pies.
Porque mientras mi cuerpo temblaba y mi piel retrocedía, algo viejo y enterrado se levantó de las profundidades como un demonio finalmente desencadenado. Me había sentido impotente demasiadas veces