Punto de Vista de Elara
Seguí a Lyra obedientemente, aunque cada fibra de mi ser me gritaba que me detuviera. Que me diera la vuelta. Que corriera. Pero correr no cambiaría nada. Nunca lo hacía.
Lyra caminó delante de mí, con una postura grácil y sin prisas, como si simplemente estuviera dando un paseo nocturno en lugar de llevarme a lo que parecía mi ejecución.
El suave clic de sus tacones contra los suelos de mármol era el único sonido audible en el silencio sofocante. Ni siquiera se molestó