El Auditorio Principal de la Facultad de Derecho estaba completamente abarrotado aquella mañana.
Más de cien estudiantes ocupaban las largas filas de asientos mientras un murmullo constante llenaba el recinto. Algunos repasaban apuntes antes de comenzar la clase; otros conversaban en voz baja, aprovechando los últimos minutos de libertad antes de enfrentarse a una de las asignaturas más exigentes del semestre.
Yo permanecía sentada en la primera fila.
Había llegado unos minutos antes de la hora