Ricardo.
Despierto empapado en sudor, sorprendentemente me hallo apretando el edredón que reviste el colchón y con cierto desconcierto lo libero. La pequeña habitación permanece en un silencio que anega mi cerebro.
«Verónica» ─me reclamo angustiado.
Salto de la cama y enciendo las luces, fuera corre una ola de frío que revolotea las plantas y persianas.
─Y viviremos felices por si... ─sisea alguien tras la puerta.
─ ¡Epa! ─escucho ruiditos energéticos ─. Fiorella, anda con cuidado no vaya ser q