Cuando ambos cuerpos sudorosos cayeron exhaustos, uno al lado del otro, la realidad volvió a hacer de las suyas. Marcos se incorporó rápidamente, tomó su pantalón del piso y comenzó a vestirse, mientras Marta lo observaba resignada a su destino. Se había entregado por completo a él, y quizás él también lo había hecho, pero eso no cambiaba, la alianza en su mano izquierda, ni la verdad.
—Debo irme —dijo inclinándose para besarla escuetamente en los labios.
Ella sólo asintió lentamente y lo