Mercedes la observó con curiosidad.
—Conocí a un hombre muy apuesto e inteligente —afirmó mientras sujetaba la tarjeta en su mano—. Tal vez lo llame o vaya a verlo.
La sirvienta abrió los ojos con asombro. Nunca había visto a su patrona tan decidida a algo. Mucho menos a relacionarse con ningún hombre que no fuese su esposo.
—¿Va a verlo? —preguntó con curiosidad.
—Sí. Y si tengo que hacerle creer a Marcos que también puedo encontrar a alguien más, lo haré.
—Tenga cuidado, señora Laura. No