Capítulo 258.
Narrador Omnisciente.
Cuando desciende para intercambiar las manos de lugar, no hay titubeo. Giselle siente la presión de sus dedos, una posesión que no pide permiso y que la hace arquearse instintivamente. Él no la toca como si fuera de cristal, sino como quien reconoce un terreno que ha deseado conquistar en silencio. Su respiración, ahora es pesada y rítmica contra el cuello de ella.
Al empujar vibra en sus huesos, marcando un compás que ella sigue sin saber cómo logra consumir tanta brusqu