98. Un te amo
Ana Paula Lago
Cuando entramos a su habitación, nos detuvimos unos momentos para recobrar el aliento. Subimos tan rápido que casi se nos fue el aire. El corazón me latió desbocado, y cada latido resonó en mis oídos, mezclándose con el sonido de mi respiración agitada.
—Creo que ya no estoy tan joven como antes —dijo en tono burlón, con una sonrisa traviesa que iluminó su rostro.
Hice una mueca divertida, incapaz de contener la risa que burbujeó en mi garganta.
—A alguien ya le pesaron los trein