97. Solo nosotros II
Al llegar a la casa, Arturo cargó a Lisa entre sus brazos y subió las escaleras con paso tranquilo. Lo observé perderse en el pasillo del segundo piso mientras yo me quedé en el vestíbulo, con la excusa perfecta de ir por un poco de agua. La verdad, necesitaba un momento para respirar… esa casa siempre me imponía.
La señora de servicio me recibió en la cocina con una sonrisa amable y enseguida me indicó dónde estaban los vasos. Agradecí con un gesto y salí de nuevo, pero en lugar de regresar a