49. La mujer del paradero II
Eso me dio aún más fuerza. Volví a presionar con determinación, sintiendo la rigidez del cuerpo del hombre que se debatía entre la vida y el vacío de aire. En el cuarto intento, finalmente expulsó un pedazo de carne atorada, que cayó al suelo con un sonido húmedo.
El hombre se dobló hacia adelante, apoyando ambas manos sobre la mesa, jadeando con desesperación. Su rostro estaba rojo, empapado en sudor, pero poco a poco fue recuperando el color.
Yo lo miraba atenta, aún con la respiración agitad