36. Novio insípido
Roberto Abad Rocamonte
Mi mirada se fijó en mi apetitosa presa. Ahí estaba, radiante y luminosa, como si todo el lugar girara en torno a ella. La anfitriona de la noche. Bebí un sorbo de mi whisky, dejando que el ardor recorriera mi garganta lentamente, disfrutando del sabor y de la imagen que tenía frente a mí. Pero el vaso apenas volvió a la barra cuando algo dentro de mí se removió como una punzada desagradable: ella estaba abrazándolo… y besándolo.
A ese tipo. Su novio.
Lo observé con deten