28. ¿Hay algo que desees tener? II
Él asintió.
—¿Por qué me invitó a cenar? ¿Le di lástima? —Mi voz sonó más firme de lo que esperaba. Tenía que dejar claro que no era una mujer débil, mucho menos alguien que aceptaría compasión.
Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro.
—Bueno, sí hay una razón. Quiero pedirte un favor.
Dejé los cubiertos sobre el plato y me recosté en el asiento, intrigada. Lo miré fijamente, mientras él parecía contener una risa nerviosa.
—Ana... sé que lo que te voy a pedir es algo inusual, pero mi hija no