16. Infortunios I
Arturo Abad Rocamonte
—Papá, ¿verdad que Ana es muy linda? —la voz de Lisa sonó entre risas, por un instante todo el coche se llenó de esa luz simple que solo los niños saben traer.
Quise fingir indiferencia; apoyé un brazo en el respaldo del asiento y miré por la ventana el paisaje que desfilaba. Sam concentrado en la conducción hizo como si no oyera nada. Pero por dentro me desarmé con la inocencia de ella.
—¿De cuál Ana hablas? —pregunté, más por jugar que por no saber; en el fondo sabía exa