107. Heridas I
Roberto Abad Rocamonte
La voz de Sam me alcanzó desde atrás, áspera, temblorosa, como si él también estuviera al borde del colapso. Me obligó a detener las manos por primera vez en… no sabía cuánto tiempo. Sentí el peso del cansancio golpearme, como si mi cuerpo por fin recordara que era humano, que tenía límites.
Pero mi mente seguía exigiéndome continuar.
Por Lisa.
—Señor… —Sam tragó saliva—. Hemos encontrado el cuerpo de la señora Domenika Alcázar… sin vida.
Cerré los puños con tanta fuerza