Cuando la puerta de su habitación fue tocada, la chica no tardó en levantarse y abrir.
—Tardaste—dijo la jovencita al ver a su hermano.
—Hazel, no sé qué es lo que quieres, pero…
—Pasa.
La muchacha lo hizo entrar y cerró la puerta con seguro. Alexander percibió todo aquello como una mala señal, pero no hizo nada al respecto. Cuando el hombre pretendía girarse para encararla se encontró con una sorpresa abrumadora, Hazel había hecho caer su vestido quedándose únicamente en ropa interior.
—¿