Con una última ojeada en el espejo, Hazel decidió que estaba lista.
Su hermano, Lucas, la esperaba malhumorado en la entrada de la casa. A la más joven no le importaba aquella cuestión, puesto que estaba más concentrada en pasar una noche agradable.
—¡Vayan con cuidado!—despidió su madre con una sonrisa.
Una vez en el vehículo, Lucas soltó toda su frustración:
—¿En serio no podías quedarte en casa?—preguntó con un tono de voz que dejaba mucho que decir.
—No sigas, Lucas, ya lo acordamos co