—Imposible —murmuró Marcus, su mano apretando el cañón de la escopeta hasta que sus nudillos se volvieron blancos—. Te vi caer por el hueco del ascensor, Alberto. Nadie sobrevive a eso.
—Los demonios son difíciles de matar, sobrino —gritó Alberto, bajando por la pasarela con una cojera pronunciada pero una confianza aterradora—. Especialmente cuando tienen amigos en las sombras que no quieren que el linaje Rossi se extinga tan pronto.
Alberto se detuvo a diez metros de nuestra posición. Sus mer