Bianca entró al apartamento de Carla apenas el ascensor se cerró tras ella. Caminó con pasos lentos, como si cada movimiento pesara más que el anterior. El día había sido largo, agotador, cargado de emociones que no sabía cómo manejar. La puerta del apartamento se abrió antes de que ella tocara; Carla ya estaba esperando.
—Ay, Bianca, por fin —exclamó Carla, haciéndose a un lado para dejarla pasar—. Tenías un semblante horrible cuando me llamaste. ¿Qué pasó?
Bianca no respondió de inmediato. Se