La mañana siguiente amaneció gris y lluviosa, como si el cielo mismo reflejara el estado de ánimo de Luciano. Había pasado la noche en vela, dando vueltas en la cama, repasando una y otra vez la conversación con Gabriela. Sus palabras, sus lágrimas, su historia de supervivencia... todo parecía encajar, pero algo en su interior se negaba a aceptarlo.
Algo no terminaba de convencerlo.
Se levantó antes del amanecer, se vistió y bajó a su estudio. Necesitaba hablar con Elías. Necesitaba respuestas.