Bianca llegó a la vieja casa justo cuando el sol comenzaba a elevarse y a pintar las calles de un dorado tenue. Aún llevaba en el cabello el aroma del polvo de la vivienda donde había pasado la noche junto a Luciano y Mateo. Caminó con paso firme, aunque por dentro estaba agotada. Apenas había dormido. El colchón duro, los crujidos de la madera, la herida de Luciano y los pensamientos constantes la habían mantenido despierta casi toda la noche.
Respiró hondo antes de abrir la puerta.
Y allí est