FAITH
Helen y yo cenamos juntas y se empezó a reír.
—Lo siento —se reía—, pero es que te pones muy graciosa cuando estás enfadada con él.
—Me saca de mis casillas —admití.
Era lo que mejor se le daba a Nate esos últimos años: sacarme de quicio. Aparecía y se creía mejor, con el poder sobre mí, y me había dejado sin plan para ese fin de semana. ¿Iba a estar encerrada en casa mordiéndome las uñas?
—¿No te ha llamado tu hermana? —preguntó y yo negué.
Al final me decidí a hablar con Clara, pero no