FAITH
En tantos años juntos no recordaba haber visto a Nate enfermo, o por lo menos no tanto. Era algo gracioso verlo con la nariz roja y estornudando, echado en el sofá con una manta hasta el cuello. Estaba adorable.
—Esto es una puta mierda —se quejaba.
Me reí y seguí derritiendo el chocolate. Cuando estuvo, se lo serví en una taza.
Nate me miró con una sonrisa medio torcida, su pelo desordenado y su piel ligeramente pálida por el resfriado. Me acerqué y le di un beso en la frente. Sentí el c