FAITH
—¡No puedes hacer esto! ¡Estás castigadísima!
El sonido de la puerta cerrándose con un golpe resonó en toda la casa, y sentí cómo la tensión en mi pecho se acumulaba a niveles insoportables. Mis padres estaban echando humo y yo temblando de rabia y emoción. Era mi cumpleaños, cumplía 18 años, y una parte de mi esperaba disfrutarlo un poco con mi "familia" antes de huir.
No estaba siendo así.
—No puedes simplemente abandonar todo lo que has construido aquí para irte con ese… ese chico.
—Sí