FAITH
—Seguro que estabáis haciéndolo antes de que llegara —dijo.
—Pues claro —admití y nos echamos a reír.
Hablar de sexo se terminó cuando Alan salió corriendo de casa, atravesando todo el jardín con su bañador puesto y arrastrando una toalla por el césped. Soltó la toalla y trepó por mi hamaca hasta sentarse en el borde.
—¿Os habéis metido? —Y sacudiendo las piernas inquieto, insistió—. ¿Jugamos?
Helen se levantó de su hamaca y le dio la mano. Alan sabía que no podía bañarse solo, y todavía