FAITH
Poco a poco Helen me fue ayudando a saber qué llevarme y qué tirar. Como unos zapatos que yo jamás me ponía y que se los quedó ella.
c¿Has venido a ayudarme o a saquear mi armario?
Se rió echada en mi cama.
—Es para no echarte de menos. Si ya me caía mal antes imagínate ahora —dijo, y si no fuera porque la vi sonriendo, diría que iba enserio.
Le había contado a Helen tantas cosas de Nate que estaba segura de que sí, lo odiaba un poco. Le había tenido tanto rencor por no luchar lo suficien