Por Sergio
No sentía el cansancio del día ni de la noche anterior, me olvidé del mundo, al fin la tenía en mis brazos.
Sentir su piel, tersa, suave, me estaba volviendo loco de placer.
Siento como se erizó mi propia piel, solo por sentirla, por acariciarla.
Habían pasado solo unos minutos de la primera vez y yo ya estaba como un adolescente, con todas mis hormonas revolucionadas.
Ella está temblando en mis brazos, por mis caricias.
Mis instintos más salvajes se vuelven a despertar.
La hago pone