Amadeo sintió cierta amenaza sobre su novia, el sexto sentido no era solo femenino, no dejó de besar y acariciar a la chica durante toda la mañana y se aseguró de estar a la vista de su contrincante, para que a éste no le quedaran dudas que él era el dueño y señor de la joven.
Durante el almuerzo sucedió más o menos lo mismo.
Piero estaba pendiente de Mora y notaba lo incómoda que estaba por el comportamiento de su novio, pero de todos modos moría de celos, nunca había sentido algo así, en ese