Piero se quedó pensativo, aunque quería evitar hacerlo, pero la imagen de Mora estaba latente en su cerebro.
Cuando él pensó que la pasaría muy bien con ella, jamás se imaginó la profundidad de lo que sintió.
Su cuerpo era simplemente una escultura, verdaderamente parecía esculpido y la pasión que tenía dentro, era un océano de fuego, la puta madre, algo así dijo una vez Amadeo, eso no le gustó para nada, es que Piero la quería para él, no le gustaba la idea de compartirla con su contrincante,