Pronto comenzaron nuevamente los besos, se recorrieron el cuerpo con sus besos, él no podía alejarse de la zona íntima de Mora, le succionaba el clítoris, se lo lamía, con sus dedos la penetraban, la joven estaba mareada de tanto placer.
Un orgasmo la atrapó sin poder evitarlo.
-Siiii, Piero, siiii, siii.
Gemía desgarradoramente.
Él vio como Mora se volvía loca por sus caricias y sus besos y sintió que el mundo le pertenecía.
La giró en ese sillón tántrico, la besó, comenzando por su espalda, c