—Me gustaría trabajar —dijo de la nada la loba mientras el jeep se ponía en marcha hacia la mansión. Dantes, que estaba a su lado, perdido en sus pensamientos sobre asuntos de trabajo, la miró de inmediato como si estuviera loca.
—Cariño, no necesitas trabajar, y menos si vamos a tener un cachorro —respondió con el ceño fruncido.
—Me aburro en la casa. No quiero estar sola todo el tiempo —susurró. No le gustaba en absoluto la idea de pasar su vida de ese modo; prefería hacer algo productivo par